Entrenar el pensamiento crítico en la era de las imágenes falsas: nuestra experiencia en el IES de Massamagrell

El pasado mes de marzo tuvimos la oportunidad, en colaboración con Alia, de impartir un taller muy especial en el IES de Massamagrell (Valencia), con el alumnado de 3º y 4º de ESO. El objetivo era tan sencillo como urgente: aprender a mirar. Mirar con atención, con criterio, con duda. Mirar sabiendo que hoy una imagen puede ser real… o estar completamente fabricada.

Vivimos en un mundo donde cualquiera, con un teléfono móvil y una aplicación gratuita, puede crear una fotografía falsa que parece auténtica. Y eso fue exactamente lo que hicimos en el aula: mostramos a los adolescentes cómo se construyen estas imágenes manipuladas y les invitamos a crear las suyas propias para que entendieran desde dentro el proceso. Porque no hay mejor antídoto contra la desinformación que sentir en primera persona cómo se fabrica.

El desafío de educar en un entorno saturado de información.

Las fake news no son algo nuevo. Desde siempre han existido rumores, mitos y bulos que circulaban de boca en boca. Pero la diferencia, hoy, es la velocidad. Internet y las redes sociales permiten que un contenido impreciso o completamente falso llegue a miles de personas en segundos.

Niños, niñas y adolescentes crecen en este entorno. Buscan, consumen y comparten información constantemente, muchas veces sin detenerse a pensar si es fiable o no. Reciben noticias disfrazadas, mensajes alarmantes, vídeos impactantes… y el riesgo es que no siempre cuentan con las herramientas para distinguir lo cierto de lo manipulado.

En el taller hablamos de esto con el alumnado: ¿cómo saber que una imagen es real? ¿Qué señales nos ayudan a detectar un montaje? ¿Por qué alguien querría engañarnos?

Lo que aprendimos creando imágenes falsas

Uno de los momentos más potentes del taller llegó cuando se les propuso utilizar una aplicación sencilla para generar imágenes falsas. Les pedimos algo aparentemente inocente: inventar una situación que nunca hubiera ocurrido. Y lo hicieron.

En apenas unos minutos aparecieron en la pantalla fotos sorprendentes: escenas imposibles, personas en lugares donde nunca habían estado, objetos que jamás existieron. Cuando vieron el resultado, sonreían pero tambié, frente a algunas noticias quedaban en silencio. No porque no supieran que las imágenes podían manipularse, sino porque no imaginaban que era tan fácil hacerlo.

Ese instante fue clave: la percepción cambió. Si ellos mismos, en un aula, podían crear imágenes falsas en segundos… ¿cuántas de las que ven cada día podrían también estar fabricadas?

Qué son realmente las fake news

Aclaramos algo importante: las parodias —memes, cuentas humorísticas, sátira— no son fake news si están claramente identificadas como humor. El problema surge cuando lo falso se presenta como verdadero y busca influir en quien lo recibe.

También hablamos de los deepfakes, esas imágenes o vídeos hiperrealistas generados por inteligencia artificial que pueden modificar el rostro y la voz de una persona hasta el punto de hacer difícil distinguir si es real o no. Muchos estudiantes conocían el concepto, pero no sus implicaciones éticas.

¿Por qué es fundamental entrenar el pensamiento crítico?

Según datos de la FAD, solo un 22,5% de jóvenes entre 14 y 16 años ha recibido formación para identificar noticias falsas. Esto significa que tres de cada cuatro menores navegan cada día por un mundo lleno de desinformación sin tener las herramientas necesarias para detectarla.

Por eso insistimos en el taller en la importancia del pensamiento crítico: esa capacidad de detenerse, analizar, comparar, preguntar, desconfiar cuando algo parece demasiado impactante o demasiado perfecto.

Trabajamos con varias ideas:

1. No todo lo que aparece en Internet es verdad

Hay imágenes creadas para obtener beneficios económicos o ideológicos. Hay contenidos diseñados para provocar miedo o para manipular emociones. Comprender esto les ayuda a mirar con más calma.

2. Contrastar la información es un hábito saludable

Les enseñamos a buscar varias fuentes, a comprobar si la noticia aparece en medios de referencia y a utilizar páginas de verificación.

3. La impulsividad es enemiga de la verdad

Muchos bulos se difunden porque alguien, impactado por un mensaje, lo comparte sin pensar. Entrenar la paciencia puede frenar la cadena de desinformación.

4. La empatía también protege

Cuando entendemos que detrás de un bulo puede haber discriminación, odio o intención de dañar, es más fácil posicionarse con criterio y rechazar su difusión.

La respuesta de los grupos fue sorprendentemente madura. Participaron, preguntaron, cuestionaron ejemplos y aportaron situaciones reales que les habían ocurrido en redes sociales.

Conclusión: educar la mirada es educar la libertad

El taller del IES de Massamagrell fue un recordatorio de que vivimos un momento histórico en el que las imágenes pueden decir la verdad… o todo lo contrario. Por eso es imprescindible enseñar a mirar con criterio y a relacionarse con la información de manera consciente.

Los adolescentes no necesitan miedo, necesitan criterio. Necesitan formación, acompañamiento y oportunidades para experimentar, equivocarse y aprender. Y si una sola sesión puede despertar esa chispa crítica, vale la pena seguir trabajando en esta dirección.

Si enseñamos a identificar un bulo, a cuestionar una imagen y a detener la cadena de desinformación estamos formando una ciudadanía libre, responsable y capaz de pensar por sí misma.

Amplia la información: 
https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2024-09/Desinformacion_y_discursos_de_odio_en_el_entorno_digital.pdf